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2.1.11

Pesadillas

Me encontraba en un parking a nivel de calle, estaba cerca de una zona industrial de automóviles. Había muchas de esas criaturas, estaban por todas partes aunque parecía que cada vez había menos. Cerca había unos servicios y por ellos se podía ascender al edificio que se sostenía sobre nuestras cabezas. Mi madre y yo esperábamos dentro del todoterreno, cerca de los lavabos para poder subir en cuanto tuviéramos oportunidad. Mi tía y mi padre también se habían acercado a ese parking, acechaban en la oscuridad en sus coches esperando al igual nosotras a que todo terminase.

Desde de mi mullido asiento veía como arrastraban sus pies por la gravilla dejando cachitos de carne a su paso. Por lo visto su misión era comer y moverse hacia un lugar determinado, todos hacía el mismo, saliendo del parking. Veía cada cabina del baño de mujeres, todas con las puertas abiertas, demostrando que no hace mucho algún ser humano había intentado librarse de ellos allí.

En cuanto todo quedó desierto salí del coche sin hacer ruido y me deslicé hacia allí. Un lavabo atascado llamó mi atención, entre las aguas teñidas de rojo había un bebé ahogado y hecho un ovillo con la cabeza sumergida. Mi madre al entrar y verlo empezó a despotricar sobre el abandono y las personas capaces de hacer aquello para poder tener más libertad y sobrevivir. Ante mi asombro metió las manos en el agua y lo agarro por debajo de los hombros. No sé cómo consiguió revivirlo. Era un recién nacido aun con los ojos cerrados, en mis brazos parecía aun más pequeño y adorable. Su boquita se abría y se cerraba y con horror pude comprobar que intentaba morderme.

En mis retinas está grabado cada detalle de como tuve que arrancar la cabeza a un bebé recién nacido con mis manos.

Zozobra basada en las ideas de The Walking Dead.
 Zombies

4.12.09

Aquel día de 1971

Últimamente estoy un poco ausente pero ya queda menos para que venga el Señor Tiempo Libre.
Este es el relato que mandé al Susurro que surcó el espacio para el concurso de Las hijas de las tormentas. La última parte va con música.

¡Espero que os guste!

* * *

¡Splash! Ya me he sumergido en las tenebrosas aguas. Todo es negro bajo la superficie. No veo el fondo entre las turbias corrientes. Ya no puedo respirar. Me falta el aire. Me ahogo. ¿Es esto lo que se siente?

Me siento erguida en mi cama. No puede haber sido solo un sueño.
Un rayo de luz se cuela por los agujeros que quedan en la persiana cuando no la cierro bien. Me estiro perezosamente, apoyo los dedos de los pies en el suelo y tanteo en busca de mis chanclas. Otra vez no, pienso. Extrañas fuerzas oscuras arrastran mis zapatillas todas las noches bajo mi cama. Pego un salto de la cama al suelo y me agacho. Vuelvo a tantear pero esta vez con los dedos de las manos. Bien. Ya he conseguido una. ¿Y la otra? Pego mi cara contra el suelo para ver si encuentro algo pero lo único que veo son pelotillas de polvo. En vista de que mis esfuerzos son en vano, me rindo y me calzo mi única chancla.

Clac, pam, clac, pam, clac, pam. Es el ruido de mí caminar en dirección a la cocina. Desayuno unos cereales con un vaso de Nesquik. Hoy quiero comprobar una cosa. Saber si es cierta.
La idea es ir al bosque que hay un poco más allá, justo detrás de la colina. Fuera de la vista de los humanos.

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Cuando entré en la librería me recibió una señora toda vestida de rosa. No parecía muy vieja pero ya tenía el pelo canoso. Bajé las escaleras que llevaban al interior de la pequeña tienda. Ella se quitó sus gafas y las dejó colgando de una cadenita alrededor del cuello. Nos saludamos.

- Quería mirar libros sobre antiguas legendas y sucesos inexplicables.

- Querida, estás en el lugar adecuado. Voy a buscarlos.

Desapareció tras una cortina de colores chillones en la trastienda. Mientras, me puse a ojear los libros que estaban por ahí encima, en estanterías y mesas. Cuando volvió traía con ella un montón de libros apilados. Los dejó sobre el mostrador y me dijo que los ojeara sin prisa. Así que me puse a buscar sin saber exactamente que.
Llevaba ya media hora pasando páginas cuando encontré un artículo que explicaba la aparición de 52 niñas tras unas tormentas en distintos lugares del mundo. Enseguida supe que eso era lo que buscaba. Pagué el libro y me fui de la tienda. Era bastante grande y estaba forrado de cuero azul, no parecía un libro recién publicado, en cambio sí parecía que lo hubiesen diseñado para que durara mucho tiempo. En cuanto vi un banco me senté y me puse a leerlo atentamente.

Mientras pasaba mis ojos por las letras iba desechando palabras inservibles. Hasta que llegué a una: paranormal. Reculé mis ojos por las líneas y releí la frase: Todas las niñas que han aparecido tras las tormentas tienen algún tipo de poder paranormal. La mayoría hacen cosas extrañas si se exponen mucho tiempo bajo la lluvia.

Un montón de imágenes comenzaron a aparecer en mi mente como si estuviera viendo una película con un proyector antiguo. Esas tormentas ocurrieron el año en que nací. Empecé a oír clicks y pronto me dí cuenta de que eran todas las ideas de mi cabeza, que comenzaban a encajar como si fueran un puzzle. La electricidad que a veces creo sentir no es simplemente una impresión.
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Sentada entre los árboles y descalza espero la llegada de esa lluvia que las nubes anuncian desde la madrugada. Miro mis zapatillas, un poco más allá sobre la hierba, comienzan a mojarse, oscureciéndose. Inclino la cabeza con los ojos cerrados y el agua cae sobre mi cara.
Rozo el agua y mi cuerpo se convierte en ella. Mantengo mi forma pero tan solo soy agua. Recuerdo como ha sido mi vida hasta ahora.

No puedo ahogarme. Y si quiero puedo desaparecer en la inmensidad del mar. Nada me lo impide.

Si me enfado, si no lo aguanto más, si la rabia es tan fuerte que ni me sostengo. No puedo llorar.

En mis venas no hay sangre, solo agua. Mis manos, mis labios… todo mi cuerpo esta disfrazado.
Nunca me contaron lo que yo era. Pero ya no hace falta.

Soy una hija de las tormentas.

La electricidad se funde con el agua dentro de mí. Así me sostengo. Así soy lo que soy.

Cuando miro al cielo, él me responde. Cae una gota. Dos. Tres. En seguida todo mi mundo se convierte en agua. Como yo.

Me deshago. Me deslizo. Me convierto en otro ser muy de lejos humano. Desaparezco. Crezco. Vuelvo a nacer. Me siento viva.
Cuando pasa la tempestad la tranquilidad me llena. Me quedo quieta. En silencio y dormida.

Aquel día de 1971 se repite cada vez que miro al cielo.

10.7.09

Dulce día de playa

Dentro de unos días cogeré un avión, junto con mi familia (y con mis libros ^^) y nos iremos a algún lugar. Requisitos del lugar: tener playa (que sea cómoda para leer), sol (por supuesto), alguna fiesta divertida (no estaría de más), gente simpática (no la hay en todos lados) y sitios en los que puedan ocurrir momentos inolvidables. El lugar será... Gran Canarias!

¡Fiiuuuu! ¿oyes eso? Es el viento que choca contra el mar y que sube por la arena de la playa, cogiendo algunos granitos de arena blanca con su paso...
y clavandotelos a tí en todo el cuerpo mientras vas corriendo a por la toalla, que la has dejado bien alejada de la orilla, para que no se mojase ni por asomo. Además el contacto del aire (con arena también que no se olvide) con tu piel recién salida del agua es lo más, ¿como decirlo?, lo "mejor" que has podido sentir desde hace tiempo.
Bruuuu. Tiritando te envuelves deprisa en la grandiosa toalla de colorines, que la tienes desde que eras un mico, y esperas acurrucada con ella. Cuando por fin piensas "ya debo de estar seca, que llevo aquí media hora" , te quitas la toalla y te descubres toda (hasta el ombligo) de arena, que se te ha ido pegando mientras corrías a por la toalla, y por supuesto esta tampoco se ha salvado de la maldad profunda de la arena. Ahh se me olvidaba, y a todo esto no te has secado porque hay mucha humedad en el ambiente (como dijo la chica del tiempo esa misma mañana)y la toalla no vale para nada. Piensas "Bueeeno, no estaaaan grave".Y te pones a tomar el sol alegremente, esperando que, cuando la arena se seque, se te quite de encima sin más complicaciones.

Te acabas quedando dormida. ¡Si es que lo sabías! Siempre te pasa igual, te sientas bajo el sol y te duermes instantáneamente como si tubiera somnífero. Sigues dormida, aún no te has despertado. Empiezas a coger un tonillo parecido al de los cangrejos.

Y llega tu primo de 4 años. Con un cubo lleno de agua tan grande como él.
¿Y qué es lo que hacen los primos pequeños cuando tienen un cubo bien grandote lleno hasta los topes? Te lo tira por encima. Y noo te creas que el muuuuuy querido, ha esperado a que el agua se calentara un poco en el cubito bajo el sol antes de derramartela con "suavidad" sobre ti mientras duermes plácidamente.






One kiss! And happy holidays!

12.6.09

Las pulguitas

Es curioso que cuando estudio me vienen ideas a la cabeza que no vienen cuando no estudio. Empecé por este dibu y acabé con algunas palabras más.


Había una vez un mundo plagado de pulgas. De pulgas de las que viven entre los pelos de los perros. Esta es la historia de una familia de pulgas que vivía en un perro de Nueva York. Eran seis hermanos. Y he de decir que eran muy revoltosos, allá por donde pasaban lo liaban todo.
Un día los seis hermanos estaban mudándose de la barriga a la espalda de aquel perro cuando encontraron una gran caja roja. Para ver que había dentro hicieron una torre, pero el que estaba mas arriba, el que iba ha asomarse para mirar, se agarró al borde y volcó la caja. Junto a las seis pulguitas cayeron de la caja pequeñas bolas de color azul.
El más atrevido de los hermanos se acercó y cogió una. En ese mismo momento la bolita se convirtió en un paracaídas. La pulga miró a sus hermanos y ellos le respondieron con la misma cara de duda. De repente el perro en el que iban dio un salto. Todas las pulgas se pudieron agarrar, menos la valiente que había cogido la bolita.
Entonces comprendieron para que servían las bolas de tacto viscoso: se transformaban en algo necesario en un futuro próximo o en lo que más se quiere en ese momento.
Cuando necesites algo explora por ahí y seguro que lo encuentras. Tal vez algún día te encuentres con una gran caja roja.

Esto lo escribí pensando en mi primo pequeño. Siempre, por las noches, cuando iba ha acostarlo me decía “Cuéntame alguna historia, Shay…” Como le gustan tanto, ya se sabe casi todas las populares de toda la vida como caperucita, por ejemplo, entonces pensé en crear unos personajes solo para él.